EDITORIAL

La crisis de la medición de la investigación y sus implicaciones para la comunicación académica

Los procesos de producción de conocimiento están atados a la comunicación científica desde tiempos del nacimiento de las sociedades científicas en el siglo XVII. Sin comunicación la ciencia carece de sentido, pues es esta la que permite diálogo de pares y, por tanto, su contrastación, también implica la posibilidad de generar comunicación con otras comunidades y con la sociedad en general, que finalmente es quien legitima socialmente el conocimiento y permite que los procesos de financiación del mismo por el Estado puedan justificarse. La producción de conocimiento necesita por tanto de la comunicación, y es por esta razón que la misma con el crecimiento exponencial de la sociedad del conocimiento se ha multiplicado y ha sofisticado sus procesos de organización de los grandes bancos de información. La indexación que nace en las bibliotecas de la Edad Media e incluso antes para organizar la complejidad del conocimiento pasa a construir sistemas de evaluación que permiten dar cuenta de esos artefactos complejos de comunicación del conocimiento científico y académico.

Entre los muchos sistemas de valoración de esa producción de conocimiento se terminan por imponer los desarrollos de Garfield, los cuales miden el conocimiento por vía del impacto de la citación y el reconocimiento de las comunidades se convierte en un canal de confianza determinante para dar cuenta de la calidad de una publicación. Las comunidades científicas que se especializaron en los procesos de medición de la producción científica (cienciometría) tardaron años en sofisticar los procesos de medición y en evidenciar sus limitaciones. Sin embargo, sus productos terminaron por impactar una buena parte de las entidades nacionales de financiación y producción de conocimiento a pesar de sus múltiples limitaciones.

Latinoamérica y Colombia no se escaparían de estas implicaciones, primero los sistemas de evaluación y acreditación en el caso de Colombia presionaron la visibilidad de la producción de investigación premiando la existencia de revistas en las universidades; luego el sistema colombiano Colciencias creo un conjunto de criterios formales para garantizar mínimos de calidad formal (cumplimiento de normas de publicación internacional ) y Colombia creció como ningún otro país en la región en producción de revistas de calidad formal. Sin embargo, este crecimiento formal no alcanzó en tan poco tiempo a consolidar las dinámicas de uso del conocimiento medido en citación de los productores de conocimiento de la región. Evidentemente, la región aún no cuenta con la inversión en la infraestructura de conocimiento (recursos humanos, de formación, de tecnología e información) que permitiera que sus sistemas de comunicación y uso de conocimiento regional, en especial de las revistas, se consolidaran (seguramente necesitábamos 10 años más), pero las presiones de los sistemas de ciencia de los países y las transnacionales de comunicación hicieron insostenible los sistemas de incentivos a la producción y el sistema terminó por tomar medidas que deprimieran este crecimiento.

La medida fue relacionar la calidad a los cuartiles de los sistemas de medición de impacto de los dos grandes sistemas de información de impacto medido en citación a la calidad, y descartar los otros criterios de calidad y de esfuerzo editorial. Como consecuencia, el sistema colombiano de ciencia y tecnología y su sistema de medición Publindex eliminará cerca de 400 revistas de su sistema, con criterios de medición que son ya bastante discutibles como lo han manifestado múltiples autores, y el impacto del mismo solo lo podremos ver en los próximos años.

Es evidente que los problemas conceptuales, metodológicos y técnicos del sistema no dan cuenta de la medición del impacto nacional o internacional de nuestras publicaciones y menos de su calidad, estas evidentes dificultades y limitaciones deberían ser reevaluadas para generar un mejor sistema para promover la comunicación científica del país y de la región.

María Constanza Aguilar Bustamante
Editora

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Artículos

1.
Melba Ximena Figueroa Ángel, Carolina Gutiérrez de Piñeres Botero, Jeyson Velázquez León
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13-26
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2.
Federico Pulido Acosta, Francisco Herrera Clavero
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27-39
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3.
Jesús Redondo Pacheco, Cándido José Inglés Saura, Karol Lizeth García Lizarazo
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41-54
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4.
Karen Liseth Cabarcas Acosta, Constanza Londoño Pérez, Diana Constanza Pulido Garzon, Helena Vélez-Botero
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55-68
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5.
Alicia Hernández Montaño, José González Tovar, Dariela Janet Regino Rico, Elba Abril Valdez, María José Cubillas Rodríguez, Alejandra Córdova Moreno, Sandra Domínguez Ibáñez
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69-80
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6.
Julieth Estefanía Osorio, Lucila Cárdenas Niño
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81-90
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7.
Mónica Patricia Pérez Prada, Lizeth Cristina Martínez Baquero, Mildred Alexandra Vianchá Pinzón, Bertha Lucía Avendaño Prieto
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91-101
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8.
Luis Lázaro Agüero Jiménez, Natividad C. Lainé Oquendo
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103-111
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9.
Agnaldo García, Wilson López-López, César Andrés Acevedo-Triana, Fábio Nogueira Pereira
113-123
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